Abril, 2010 por Adrián Blasetti

La vuelta de un rey.

Y si, algún día tenía que volver a Buenos Aires. A pesar de la nula e inexistente publicidad, a pesar de que se “apoyan” productos artísticos en muchos casos lamentables, muy a pesar de todo, retornó y llenó el Luna Park el rey del blues B.B. King, ofreciendo shows las noches del 24 y 25 de marzo pasados.

Nacido como Riley King el 16 de septiembre de 1925 en una plantación del noroeste de Mississippi, EEUU. A los cuatro años sus padres se separaron y a los nueve falleció su madre. De todos modos, el blanco que la había empleado le permitió seguir en la granja. Su infancia y adolescencia las pasó trabajando en el campo, ordeñando vacas, arando o recolectando algodón. Por todo le pagaban 15 dólares mensuales. Cuando podía iba a una escuela rural en la que recibía educación elemental. A sus diez años reapareció su padre y a los catorce se mudaron juntos cerca del Delta. Allí descubrió a su nueva familia; su padre tenía otra esposa y él nuevos hermanos. En esa época, el joven King descubrió la música.

Una de sus tías estaba casada con un pastor que, entre otras actividades, tocaba la guitarra en la iglesia. A Riley le atrajo el instrumento. Los domingos a la tarde, después del sermón y cuando la familia se iba a visitar parientes, él futuro músico aprovechaba y capturaba la guitarra. Poco a poco comenzó a aprender los rudimentos básicos tratando de imitar canciones religiosas. Los gospels y spirituals comenzaron a impactarlo.

Gracias a una tía joven que compraba discos de música popular pudo conocer el blues. Lonnie Johnson, Blin Lemon Jefferson y Robert Johnson Fueron sus iniciales inspiradores.

Cuando empezó la Segunda Guerra Mundial fue reclutado por el ejército. En esos años escuchó al guitarrista Charlie Christian, al cantante Jimmy Rushing hasta que se enloqueció con T-Bone Walker y Oscar Moore.

Alrededor de esa época se animó a tocar en público con una guitarra que, por ocho dólares, le compró a un amigo. Tocaba en pueblos cercanos de Mississippi. En 1947, haciendo dedo llegó a Memphis, ciudad en la que aprendió aún más y se afianzó como bluesman.

Comenzó a tocar en radio, haciéndose bastante popular. Allí lo bautizaron con un apodo demasiado largo, “The Beale Street Blues Boy” para más tarde llamarlo solo por las iniciales B. (blues) B. (boy) King.

En 1949 B.B. King realizó sus primeras grabaciones. En 1950 grabó “The Three O´Clock Blues” y en 1951 ese tema trepó a lo más alto de los rankings de ventas, permaneciendo como disco número uno por dieciocho semanas seguidas. De allí a presentarse en otros estados, varias ciudades, más grabaciones, festivales, giras internacionales, en fin, el éxito.

Se convierte en gran influencia para guitarristas blancos como Eric Clapton, Johnny Winter, Carlos Santana, Jimmy Page y otros.

Mágico e inigualable por su estilo simple, económico y enormemente conmovedor. Dos notas con su guitarra Lucille alcanzan para identificarlo con su sello. Enorme cantidad de discos de blues, algunos con sonidos soul, otros con algo de jazz.

Imperdibles sus videos de 1974 en Zaire, en donde se presenta como telonero de la gran pelea Foreman-Clay y el de 1991 en el Teatro Apollo, junto a la Philip Morris Superband.

En resumen, a pesar de sus ochenta y cuatro años y muy a pesar de los medios argentinos, único, B. B. King.

Julio, 2015 por Adrián Blasetti

Jelly Roll Morton, un grande olvidado.

Fanfarrón, talentoso, arrogante, violento, mafiosos, jugador, pendenciero, cafishio, excelente pianista, tremendo cantante y gran compositor. Su historia fue increíble. Nació probablemente en Gulfport, Mississippi, quizás en 1890 como Ferdinand Joseph La Menthe pero se le conoció como el gran Jelly Roll Morton. Hijo de una familia acomodada y elitista criolla (descendientes de españoles y/o franceses) recibió de pequeño una formación clásica en New Orleans. Al llegar a la adolescencia empezó a frecuentar como pianista los burdeles del barrio prostibulario de Storyville y en ese peligroso ámbito comenzó a forjar su estilo propio mezclando el ragtime, el blues, la habanera y ritmos caribeños a los que denominó como “el tinte español”, Al poco tiempo su bisabuela lo echó de casa al descubrir sus andanzas en ese distrito “inmoral”.

Abandonó la ciudad en 1904 para no volver y comenzó a viajar por todo el sur, California, Canadá e incluso Alaska buscando experiencias, convirtiéndose en proxeneta, jugador de cartas y de billar, actor y músico de vaudeville.

Gustaba de alardear de lo que ganaba. Fanfarroneaba con tener un diente de diamante y cientos de trajes.

Su llegada a Chicago en 1923 fue clave. Formó los Red Peppers y grabó muchos de los mejores temas de jazz de la historia. Nunca se cansó de declarar haber inventado el jazz. Tuvo en su orquesta a músicos de primera como los banjoistas Lee Blair y Johnny St. Cyr, los clarinetistas Omer Simeon y Johnny Dodds, el contrabajista John Lindsay y el guitarrista Bud Scott, entre otros grandes. En su vida privada fue un permanente desacierto pero en su música fue quizás el primer súperprofesional, Uno de los pocos que pagaba ensayos pero que también exigía hasta la exageración. En una ocasión, notando que su trombonista Zue Robertson se negaba a tocar lo que la partitura especificaba, lo convenció a interpretar ese segmento musical como él lo había escrito a punta de pistola.

Las grabaciones entre 1926 y 1930 con sus Red Hot Peppers resultaron geniales y constituyen muestras de un auténtico jazz. Les sugiero ver el film de Giusseppe Tornatore “The Legend of 1900” o “La leyenda del pianista en el océano” que ilustra un duelo pianístico entre Morton y su rival a vencer.

En 1938 Jelly Roll grabó sus últimas genialidades para la BiIblioteca del Congreso y murió en la pobreza en Los Ángeles en 1941 dejando un increíble legado musical.

Siempre proclamó haber creado el jazz. No lo sabemos con certeza pero sí sabemos que le anduvo muy pero muy cerca.

Junio, 2015 por Adrián Blasetti

Adiós a B. B. King.

Muy triste la noticia. La música toda ha perdido a un gigante. Un ejemplo, Un músico que con una iluminada economía lo transmitía todo.

La mayoría de los músicos equivocadamente confunden cantidad con calidad. B.B. King fue de los pocos que con simples pero profundísimos fraseos en su guitarra y en su voz mostraban el camino de la escencia. Desde los lamentos en los viejos algodonales pasando por el blues urbano, boogie, jump, rhythm & blues, swing y hasta pop, siempre se mantuvo fiel al mensaje del alma negra.

Tuve la suerte de asistir, conmoverme, alegrarme y llorar por su culpa en, por lo menos, trece shows en Buenos Aires, desde Luna Park, Obras Sanitarias, Gran Rex, etc, etc.

Sus inconmensurables obras maestras, para mi predilectas, B.B. King at Apollo con la Phillips Morris Superband, B.B. King al San Quentin y Spot Light on Lucille, me han influenciado y también a gran cantidad de músicos.

Nunca lo olvidaremos.